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miércoles, 4 de mayo de 2016

Diez preguntas


Aquí unas preguntas que puedes empezar a hacerte antes y durante cada ejercicio para desarrollar el pensamiento estratégico:


  1. ¿Cual es el objetivo de este juego?
  2. ¿Qué busca el entrenador con las reglas que ha puesto?
  3. ¿A qué situación que ya conozco se parece?¿Qué hice entonces?¿Funcionó?¿Funcionaría ahora?
  4. ¿Qué es más determinante en esta tarea: algún espacio, algún sujeto, objeto, momento, acción? 
  5. ¿Qué es mejor para el objetivo, intentarlo muchas veces (cantidad) o intentarlo en las mejores condiciones (calidad)?
  6. ¿Qué es mejor para el objetivo, repartir las responsabilidades o compartirlas?
  7. ¿Qué estrategia preveo del rival? ¿Qué podemos hacer nosotros?
  8. ¿Hay alguna acción alegal que me pueda beneficiar? ¿Es ético?
  9. ¿Cómo podemos usar nuestros puntos fuertes?
  10. ¿Qué hacemos si el plan A no funciona?


La mejor parte de nuestro deporte, la más divertida, sucede dentro de nuestras cabezas. Si juegas solo obedeciendo órdenes -o intentándolo- te estás perdiendo lo mejor.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La defensa zonal en formación. Parte II

Si en la primera parte de este artículo me he limitado a definir (o redefinir) la defensa zonal y a reflexionar sobre su conveniencia en la etapa de formación, en esta segunda entrega me referiré a cómo introducirla en un equipo, qué aspectos pueden ser comunes a todas las defensa zonales y por último me serviré de unos diagramas para exponer mi manera particular de entender cómo funciona esta estrategia.

Sobre cómo introducir esta defensa en un equipo de formación he de aclarar que no se refiere al paso de incorporar una 2-3 al repertorio de sistemas y sacarla a pasear los sábados. Tiene más que ver con cómo crear entornos en los entrenamientos en los que la defensa individual no sea suficiente para resolver los problemas. A través de conflictos que planteemos a los jugadores mediante ejercicios y preguntas, como veremos un poco más adelante, se puede llegar a la conclusión de que una nueva estrategia es necesaria.

Como decía en la parte I, numerosas situaciones del juego se rigen por principios de utilidad del espacio, así que la forma de introducir los principios defensivos de las zonas será a través de estas:

  • El balance defensivo
  • Las ayudas y rotaciones
  • La defensa press con 2x1 en la primera media pista
  • El rebote


Reduciendo y aumentando su complejidad según los principios metodológicos podemos transferir el aprendizaje de conceptos sencillos en situaciones facilitadas a defensas más elaboradas en entornos reales de juego. De entre todas las modificaciones que podemos hacer al juego para crear estos escenarios, yo quiero destacar las inferioridades numéricas. 

En las edades infantil y cadete se debe plantear habitualmente ejercicios donde haya más atacantes que defensores. Las situaciones de ventaja/desventaja numérica son extremadamente útiles para facilitar la iniciación en el uso de estrategias por parte de los niños. Y recalco lo de por parte de los niños ya que, bajo el enfoque constructivista, ellos son los encargados de crearlas, consensuarlas, ponerlas en práctica y evaluarlas. El entrenador guiará y ofrecerá diferentes grados de ayuda, pero no impondrá las soluciones.

Dentro de estos juegos de desigualdades numéricas, el 4x3 es mi ejercicio favorito. Cuatro atacantes contra tres defensores reúne una serie de características que lo hace especialmente efectivo para desarrollar el juego que a mí me gusta en formación. Las razones son:

  • En 4x3 no suele hacer falta explicar que el pase debe prevalecer sobre el bote. Los jugadores (a partir de los 13 o 14 años) entienden de forma intuitiva que deben buscar al jugador que esté más desmarcado. El pase como principal medio táctico.
  • Del mismo modo intuitivo, el juego sin balón cobra especial relevancia. Además, al haber 4 atacantes aparece la noción de segunda línea de pase o juego lejos del balón. Intercambio de posiciones.
  • Los defensores pronto se dan cuenta de que no están en tanta inferioridad como en un 2x1 o un 3x2, ya que el espacio sigue siendo el mismo y cada vez hay menos para cada uno. Aun así, saben que si no corren a un lado y a otro el ataque pronto encontrará un tiro liberado. La actividad como única solución, pero efectiva.
  • La defensa de tres jugadores es fácil de comprender tácticamente. Un jugador debe encargarse de defender al que tiene el balón y los otros dos deben cubrir cada uno de los lados y responsabilizarse de las acciones que suceden en esa área. Puede ser defender una línea de pase, un corte o la propia ayuda al balón si este rebasa al compañero. Las responsabilidades son simples y están bien definidas.
  • Al mismo tiempo, este triángulo cambia de forma a gran velocidad, pudiendo ser necesario tener dos jugadores muy arriba y uno solo abajo, todos muy abiertos y corriendo de un lado a otro, o incluso saltando a un 2x1 en una esquina y debiendo recuperar al aro después. La variabilidad como factor positivo en el aprendizaje significativo.
  • Por último, cada ejercicio que hacemos en 4x3 nos sirve para mejorar una de las situaciones más recurrentes en nuestro juego. Tras saltar a un 2x1 en la primera media pista y el rival conseguir sacar el balón de allí, lo que queda en el resto del campo es un 4x3. Este lo debemos defender con una intención clara: retrasar la aparición de la desventaja hasta que el juego se iguale en 5x5. Trasferencia directa al juego real.


Así, cuando estamos entrenando con algún ejercicio basado en 4x3 y la defensa falla, podemos hacer una evaluación de lo que ha sucedido preguntando a los jugadores. Los recolocamos en las posiciones que ocupaban antes de que la ventaja se produjera, y luego vamos viendo qué responsabilidad tiene cada defensor sobre lo que va a pasar y discutimos sobre la relevancia de cada acción que se produjo. En defensa individual pura y en igualdad, cada defensor tiene el 100% de responsabilidad sobre su par. Pero cuando se encuentran en inferioridad, ¿qué hacemos con ese atacante de más? ¿Cómo nos repartimos su responsabilidad? ¿Podemos en un 4x3 hacer que cada defensor tenga el 100% de responsabilidad sobre un atacante y además el 33% del restante (repartirse al que sobra)? ¿Es esto práctico? ¿Cómo lo podemos solucionar? Las respuestas a estas preguntan llevarán el discurso hacia la necesidad de organizarse de otra manera, una basada en el espacio. Y quizá después de mucho ensayo y error, de mucha discusión y experimentación, podamos llegar a descubrir con los jugadores que hay ciertas reglas que nos pueden ayudar a defender mejor en inferioridad. Algunas de las que he ido recopilando en mis equipos y que he mantenido al trabajar las zonas son:

  1. Al jugador que lleva el balón hay que presionarle para que no pueda mirar lejos.
  2. El que defiende al que tiene la pelota tiene el 100% de responsabilidad sobre él. Igual que en defensa individual.
  3. La voz también sirve para defender, intercambiando información y disuadiendo a los atacantes de sus intenciones.
  4. Cuando se deja libre a un jugador para ir a por el del balón, hay que hacerlo cubriendo la línea de pase entre ambos. Como un portero de balonmano.
  5. Es prioritario defender a los jugadores que están involucrados en la acción presente del balón.
  6. Dentro de estos, es prioritario defender a los jugadores que van en dirección a canasta (cortes, interiores, penetraciones).
  7. Es mejor ir dos y pasarse de actividad que no ir ninguno.
  8. Si me rebasan, corro más y me engancho en la rotación defensiva.


Cuando el trabajo es mantenido en el tiempo y los jugadores aprenden a defender en triángulo, podemos seguir dos caminos diferentes. El primero sería introducir otro atacante y otro defensor (5x4) y trabajar por encontrar las diferencias con el 4x3. Por ejemplo, con cuatro defensores podremos tener ahora tres líneas de defensa diferentes: Defensa al balón, primeras líneas de pase (uno a cada lado) y defensa de apoyos largos. No obstante, no es la opción que yo suelo tomar. Tras el trabajo de 4x3 también podemos pasar a introducir una nueva solución estratégica previa a la defensa en zona: las defensas mixtas.

Sé que no es práctica habitual hacer defensas mixtas, menos en formación y menos aún antes de saber hacer una 2-3, pero yo lo veo como un recurso formativo poderosísimo. Al fin y al cabo consiste en simultanear las dos defensas que más tiempo suelo hacer en los entrenamientos: individual y triángulo. Desde el apartado pedagógico es un contenido perfectamente comprensible a los 15 o 16 años, y en el plano de la lógica interna, es ideal. Permite entrenar la defensa individual a una intensidad máxima, con líneas de pase a todo el campo y sin opción de ayudas fáciles. Además, obliga a los tres defensores en zona a abrirse y salir a todo el campo, haciendo que el triángulo gire en una y otra dirección. Recordad que el balón siempre debe estar defendido como si de individual se tratase, aun en el primer medio campo. Y por supuesto que los papeles de defensor en zona y defensor en hombre son intercambiables; incluso durante una misma posesión.

Seguramente estéis pensando que una defensa así no puede funcionar, que será un caos y que no sirve de mucho para aprender a hacer una 2-3 de libro. No debemos olvidar que el objetivo es crear un escenario que sirva para aprender. Y este escenario es un desorden a ordenar. Es una situación de alta incertidumbre pero que se basa en estrategias muy simples: por un lado, cada uno a uno; y por otro lado, uno al balón y dos por detrás. Es el continuo cambio de condiciones en el juego real lo que llevará a los jugadores a darse cuenta de que ambas defensas (la de los dos en hombre y la de los tres en triángulo) pueden colaborar también para mejorar su rendimiento. Así, por ejemplo, cuando un atacante de los defendidos en individual recibe el balón, el jugador del triángulo más cercano podrá saltar al 2x1. O cuando el mismo atacante reciba un bloqueo directo, podrá haber cambio defensivo con uno de los del triángulo.

Esto es un inicio fabuloso para descubrir las reglas especiales que puede tener cualquier defensa zonal. Aquellas reglas que dependen de la propia lógica de la estructura de la defensa.

En cuanto a esto último de la estructura o dibujo de las diferentes defensas zonales, también me he permitido reinterpretarlas bajo este prisma praxiológico. Y es que cualquier distribución de posiciones que se haga tendrá una misma idea común derivada de la lógica interna del juego: proteger lo mejor posible la zona de más riesgo, que es el aro. Las diferentes disposiciones que encontramos (1-3-1, 3-2, 1-2-2, etc.) diferirán en el cómo llevar a cabo este objetivo además de en las reglas de movimientos y opciones de atacar al ataque. Así, en unas se colocan más jugadores cerca del aro y en otras se bloquean los diferentes caminos con jugadores exteriores. En unas se concentran jugadores en el eje longitudinal y en otras se cubren las esquinas para el trap.

La notación que utilizamos habitualmente es numérica y se corresponde con la cantidad de jugadores que colocamos en cada línea, contando siempre desde el medio campo hacia el aro. Así, una 2-3 es una defensa en dos líneas que coloca 2 jugadores más cerca del medio campo y 3 más cerca del aro. La razón de explicar esta nomenclatura de nivel elemental en mitad de este artículo es porque creo que se trata de una denominación simple y práctica pero que puede confundir a la hora de comprender cómo funcionan las zonas. En nuestro deporte no hay una meta grande y extensa, y menos transversal. El aro es pequeño con relación al campo y eso hace que se pueda acceder a él desde casi 360 grados. O sin el casi. Y por esto las líneas defensivas en la práctica no son rectas sino curvas.

Como vemos en los diagramas 1, 2 y 3, las áreas defensivas son radiales y tienen el aro cerca de su centro. Podemos dividir la pista en tantos niveles como queramos, aunque más de tres no tiene mucho sentido. En la zona de rojo más intenso podemos colocar uno o dos defensores. Si tenemos tres capas disponemos de más combinaciones de distribución de jugadores. Además, como comentaba antes, estas zonas pueden priorizar el eje central del campo (diagrama 2) o pueden ensancharse y cubrir más espacio transversal que longitudinal (diagrama 3).

Si colocamos un solo jugador encargado de defender la zona 0 (el aro y los postes bajos), podremos situar a los otros 4 en el perímetro de forma radial, creando así una barrera de dos jugadores en línea desde cualquier ángulo de entrada. 

En el caso de que el balón no esté jugándose, y si hiciéramos una foto a vista de pájaro, el dibujo sería el correspondiente a una defensa zonal 2-3 (diagrama 4) o a una 2-2-1 (diagrama 5) si la línea exterior se alejase mucho del aro. No obstante, en cuanto el balón entre en juego, las líneas que delimitan las zonas de responsabilidad se curvarían hacia él. A diferencia del modelo tradicional de defensa en zona, aquí las líneas son elásticas y variables. La presencia de atacantes y sobretodo del balón son los principales agentes que modifican su dibujo. Véase diagrama 6.

En cuanto al balón, y desde el punto de vista de la construcción de una defensa en base a la lógica interna, su posición condiciona totalmente las responsabilidades de los defensores más cercanos. En el diagrama 7 he dibujado un triángulo que nace desde donde está el jugador con balón y que se extiende a ambos lados del defensor. Cada uno de los lados que salen del vértice del balón simbolizan las dos líneas de pase principales. Son la izquierda y la derecha del defensor que cubre al hombre con la pelota. Siempre deberá haber un defensor encargado de cada una de esas líneas por detrás del que cubre al balón.

Cuando el balón está en un espacio desde el que se puede pasar fácilmente a un espacio interior o desde el que se puede penetrar, el triángulo que marca la zona de acción próxima del balón se solapa con la zona 0 (la de la canasta) y ese espacio común se vuelve especialmente peligroso para la defensa. En ese caso el riesgo es tan elevado que el resto de acciones lejanas dejan de tener relevancia y todos los defensores deberán cerrar espacios y anticipar ayudas (diagrama 8).

Por último, si el balón llega hasta la zona 0, el triángulo que marcaba las líneas de pase desaparece y la prioridad se centra en quitar el máximo espacio posible al jugador que tiene la pelota. Será necesario que algún defensor del perímetro baje de la zona 1 a la 0 y ayude a su compañero con un 2x1 (diagrama 9).


Para terminar, me gustaría remarcar una vez más que todo lo aquí expuesto es una interpretación personal sobre cómo una estrategia defensiva puede establecer sus reglas de movimiento en función de la utilidad de los espacios. Y que el verdadero sentido que le doy a esto es elegir mis sistemas de juego en función de un criterio formativo que se base en la comprensión total de la lógica interna por parte de los jugadores. No opto por un camino fácil porque no creo que eso beneficie a los chavales. Los entrenadores nos llenamos la boca cuando pedimos que se juegue leyendo y que hagan poesía, pero a menudo les damos a leer una guía telefónica.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La defensa zonal en formación. Parte I



Antes de entrar en materia he de aclarar a qué me refiero con baloncesto de formación, pues todo lo que aquí expongo se refiere únicamente a este ámbito. Así, yo distingo tres etapas o fases por las que la mayoría de deportistas pasan: iniciación deportiva, etapa de formación específica y deporte de rendimiento. Si bien cada una de ellas tiene unas características diferentes, no existe una frontera diferenciada que las separe en el desarrollo normal del deportista. Realmente se trata de un continuo que avanza desde el descubrimiento y familiarización con las especialidades deportivas hasta la especialización máxima en un entorno de rendimiento. El baloncesto de formación representa la zona intermedia de este continuo y abarca desde que el jugador comienza a percibir el entrenamiento como una oportunidad de mejora (y no solo de disfrute, como ocurre en la iniciación) hasta que decide que el grueso de su formación ha finalizado y se dedica al afinamiento de las capacidades que posee. Algunos jugadores nunca finalizan su fase de formación.

Una zona es una estrategia que se basa en repartir la responsabilidad defensiva entre los jugadores con un criterio de espacios o zonas. Tradicionalmente se entiende como una distribución estratégica de jugadores en unas posiciones más o menos estables y con unas funciones y reglas de movimiento específicas en cada posición. Esto da lugar a los diferentes dibujos como 2-3, 3-2, 1-3-1, etc.

Pero en un análisis más actual, o más práxiológico si se quiere hacer sonar pedante, una defensa en zona puede ser entendida como la distribución de responsabilidades en función de la utilidad del espacio que se ocupa. Y esto hace que el concepto de defensa zonal sea mucho más interesante.

La utilidad de un espacio está definido por muchos factores, algunos estructurales (tamaño, distancias entre jugadores, localización en el campo, tiempo disponible, etc.) y otros funcionales (intención estratégica del ataque, colaboraciones entre compañeros, nivel de riesgo asumible, objetivos defensivos, etc.).

Y lo más importante es que bajo este nuevo prisma, multitud de acciones habituales del juego pasan a regirse por criterios de defensa en zona. Por ejemplo, los balances defensivos; para distribuirse los roles durante un balance los jugadores deben tener en cuenta dónde están ellos en el momento de transición, dónde están sus compañeros y rivales, y cuánto riesgo se puede asumir, entendiendo este como la relación entre lo ofensivos (querer recuperar la pelota) y lo defensivos (proteger la canasta) que se pueden mostrar en la defensa.

Otro ejemplo es la defensa en inferioridad, en la que se vuelven a aplicar criterios en función del espacio ocupado y la intención del ataque. O las primeras, segundas y sucesivas rotaciones de ayuda. O la subida de líneas de pase tras un 2x1. O la defensa del rebote en los tiros libres.

No pretendo con esto cuestionar la nomenclatura usada para calificar si un equipo hace o no defensas zonales. Al fin y al cabo lo único relevante es si defienden todo lo anterior en base a los criterios adecuados.

Pero sí cabe plantearse si, entendiendo la defensa en zona bajo esta mirada constructivista, su trabajo en etapas de formación es necesario. O al menos, útil.

Los prejuicios que se tienen sobre las defensas en zonas en partidos de niños están, a mi entender, totalmente justificados. Y los únicos responsables de esto son los entrenadores desviados del objetivo formativo y ansiosos de obtener un resultado favorable en el marcador. Debemos estar en contra de estos planteamientos que, nuevamente según mi punto de vista, no erran en la elección de una estrategia defensiva como la zona sino en una omisión de aspectos anteriores a la estrategia, como son la actitud defensiva, el espíritu de sacrificio, la mentalidad competitiva de forzar el error, el amor por la técnica, y otros más bohemios, si cabe.

No nos engañemos, cuando un equipo de cadete preferente se refugia en una zona cerrada y pasiva, lo que falla no es la elección entre 2-3, 3-2 o individual. Esta última la harían igual de cerrados y pasivos que las dos primeras. Lo que falla es el paradigma deportivo. No se asumen retos ambiciosos sino que se escuda en las debilidades del rival. Ni siquiera las ataca.

Paradójicamente, en el caso contrario, aquellos equipos que defienden habitualmente en hombre, a toda la pista, presionando y forzando el error, cuando pasan a defender en zona no suelen ser capaces de mantener estos principios fundamentales de actitud defensiva anteriores a la estrategia. En el subconsciente colectivo se ha instaurado la idea de que una defensa en zona es menos activa que una individual. Pero no tiene porqué ser así. Se puede, y de hecho hay algún equipo por ahí que lo hace, plantear una defensa agresiva, que ataque al balón, que cierre líneas de pase y que salte al 2x1 en la primera media pista y que se distribuyan según un criterio de zonas y no de cada uno a uno.

De todas formas, si atendemos a otros criterios y no solo al praxiológico (lógica interna del deporte), como el pedagógico, veremos que en las primeras etapas es recomendable iniciar la defensa en individual. Hasta los 12 o 13 años los niños no han madurado lo suficiente como para manejar la complejidad estratégica del control del riesgo, la orientación espacio-temporal, o la semiótica de los movimientos del resto de jugadores. Una distribución de responsabilidades individual (en la que cada defensa se empareja con un atacante) es mucho más intuitiva y fácil de procesar. Será con esta defensa con la que se inicie el periodo de formación específica, y será con esta con la que se adquieran esos contenidos actitudinales mencionados que luego implementarán en las diferentes estrategias defensivas que aprendan.

Por el mismo criterio anterior, aspectos como la defensa del balance o las rotaciones en ayudas, con niños de menos de 13 años, no deberán estar organizadas en base a criterios complejos. Nuevamente los entrenadores hemos de huir del resultadismo y ser pacientes con la mejora de estas partes del juego. Distribuir roles fijos en un balance vuelve a ser un atajo para hacer rendir a quien no está preparado para ello.



FIN PARTE I

viernes, 1 de agosto de 2014

Retorciendo obviedades I


La táctica surge de forma natural y progresiva en los jugadores cuando la técnica tiene problemas para ser ejecutada conforme al patrón de movimiento aprendido. Si excluimos al entrenador y su planificación y nos centramos en el propio juego, nos damos cuenta de que son las dificultades que encuentra lo que conduce al jugador a plantearse cómo adaptarse y, por tanto, a desarrollar un pensamiento estratégico.
Por ejemplo, las entradas a canasta; mientras la situación de juego permita al niño ir a anotar y dar los dos pasos en línea, con el pie que toca y al ritmo que controla, no existirá táctica para ese contenido, más allá de la reconocer la situación como propicia. A medida que el juego global aumente de dificultad, las posibilidades de realizar esa acción disminuirán y el jugador tendrá tres opciones. La primera es seguir haciendo lo mismo, pero esta vez chocando contra defensores y perdiendo efectividad. La segunda también es seguir haciendo lo mismo, pero reduciendo el número de veces. En este caso, el jugador decide correctamente cuándo sí y cuándo no hacer el movimiento aprendido, pero a costa de reducir el número de síes. La tercera es adaptar el movimiento a la nueva situación manteniendo la intención. Esto requiere de un nuevo patrón motriz, pero eso es lo de menos. Si las habilidades básicas están desarrolladas, el jugador por si mismo debe poder ejecutar el nuevo movimiento. La cuestión importante es si tiene el hábito de querer adaptarse. Para reajustar un movimiento manteniendo la intención final de este es necesario que se conozca dicha intención, y además, que se sea flexible en su interpretación. También, la capacidad de autoevaluación y la creatividad serán determinantes. Así mismo las capacidades perceptivas. Por tanto, esta es la opción más exigente. Nuestro deber como educadores es orientar a los jugadores hacia ella, proporcionar los entornos necesarios y los grados de ayuda oportunos.

martes, 8 de julio de 2014

¿Tú qué entrenas más, la táctica o la técnica?


El otro día estaba teniendo una charla de basket con compañeros entrenadores en un campus de verano cuando, entre reflexiones y opiniones, anécdotas y controversias, surgió la pregunta ancestral más debatida de la historia por los entrenadores de formación. Sí, esa. Da igual cómo la formulemos. Como decía la canción, “hay mil maneras de llegar al infierno”. ¿La técnica antes que la táctica? ¿Se pueden dividir la táctica y la técnica? ¿Qué es la táctica y qué la técnica? Todas estas opciones son habituales, aunque vistas así, todas juntas, parezcan más un guion escrito por el maestro José Luis Cuerda.

En aquel momento apenas pude encontrar un modo claro de expresar un montón de inquietudes que tengo al respecto. Muchas más preguntas me gustaría haber podido plantear y cruzar opiniones. Pero lo bueno de las charlas para gente como yo es que las ideas se quedan rebotando en la cabeza y pueden generar un debate interno, posterior al externo, y útil igualmente. Y en esas estamos. Pero si quiero responderme todas esas preguntas necesito dar un rodeo y olvidarme de las dos palabras (técnica y táctica) al menos por unas líneas. Me hago una cuestión que ya debió ser planteada por alguien antes del surgimiento del primer entrenador del primer deporte. ¿Cómo se juega a esto? Ojala la respuesta fuera tan simple como la pregunta.

Lo principal para empezar a responder es no olvidarnos de que todas las acciones conscientes que las personas realizan, incluidas las que se hacen jugando, están englobadas dentro del mecanismo de procesamiento de la información. Este consta de tres fases que se ejecutan en un orden concreto e inalterable. Las podemos exponer aquí denominándolas de forma algo simplista así: percepción, decisión y ejecución. Además, tenemos una cuarta fase con unas características muy especiales. La evaluación se lleva a cabo al finalizar el proceso de las tres fases, proporcionando un conocimiento del resultado. Pero también se desarrolla paralelamente al mismo analizándolo y fiscalizándolo, por así decirlo. Entendido esto, la clave está en no olvidar que toda acción del juego también debe llevarse a cabo dentro de este modelo y que nuestra forma de organizar los contenidos puede basarse en él.

Hasta ahora creo haber sido descriptivo. Ahora me posicionaré en algo (guiño, guiño para mi amigo Lolo). Cuando hago mis planteamientos tácticos, mi planificación semanal o mi sesión de técnica individual, no pienso en ello desde el esquema de esos dos conceptos (temporalmente olvidados). Sí los uso para comunicarme con otros o para plasmar mis ideas pero tengo claro que el aprendizaje no está parcelado de esa forma. Yo busco aquellas situaciones de nuestro juego que creo que son ricas pedagógicamente. O sea, aquellas que, en función del nivel del practicante, suponen un desafío estimulante. Busco la zona de desarrollo próximo del jugador sin atender a recetarios ni fórmulas mágicas. Trato de ordenar los escenarios en función de la dificultad de su objetivo final y los presento a los jugadores para que los exploren en una primera fase. En Minibasket puede tratarse de un juego que consista en llevar la pelota del punto A al punto B. En junior, saber sacar ventajas de las desorientaciones de un defensor durante un bloqueo indirecto. Lo importante del asunto es que centro el trabajo en la fase de decisión, y a partir de ella, evalúo, junto a los jugadores, nuestra forma de jugar, priorizando el trabajo en aspectos de percepción, de ejecución, volitivos o actitudinales en función de los resultados de esa evaluación permanente.

Para mejorar la percepción me gusta emplear juegos muy abiertos, que a simple vista no se parecen al baloncesto, pero que realmente se asemejan en la demanda perceptiva, ya sea por tener estímulos similares, en la misma proporción o de parecida intensidad. Cuando nos enfocamos en aspectos de las ejecuciones motrices, me gusta ir desde las habilidades básicas al trabajo de técnica individual analítico en 1x0. Me encanta esta última situación porque se reduce a la esencia, escatima en distracciones y puede desarrollar enormemente la imaginación de los jugadores.

En cuanto a la fase de decisión, mis estrategias son más variadas. Para empezar tengo unas dinámicas establecidas en los equipos que ayudan a que los jugadores se sientan libres para tomar decisiones. Empiezan con cosas fuera de la pista pero pronto esa seguridad y el sentimiento de grupo afectan a la forma de jugar. Creo que es muy difícil tener un equipo que juegue de forma inteligente, que sea creativo en las soluciones y que decida correctamente en los momentos de presión si están dirigidos bajo un régimen dictatorial que cree que la disciplina es sinónimo de uniformidad y univocidad. Y sí, sigo hablando de baloncesto. Para que sean buenos decidiendo deben sentirse libres para equivocarse, y para esto deben ser aceptados en sus diferencias.

En cuanto a las tareas que potencian la toma de decisiones, creo que son las que deben estar mejor adaptadas al grupo y al individuo. Me gusta crearlas cada vez casi desde cero. Suelen ser situaciones-problema donde el número de jugadores, las distancias entre ellos, las normas de movimiento y el objetivo final pueden variar para amoldarse al equipo. Yo ofrezco un escenario inicial, unas reglas de juego y una meta a conseguir. El cómo hacerlo depende de los jugadores. La estrategia es un concepto simple que nace en los jugadores, no en los entrenadores. Nosotros debemos optimizarla. Pensamos que poner un bloqueo es un contenido de nivel 5 pero todos hemos jugado de niños en el recreo en una pista con cuatro partidos más y entonces ya los usábamos.

Una vez más repito que en todos los trabajos que hagamos en pista se estarán produciendo las tres fases del procesamiento de la información permanentemente, pero que por sus características propias, unas tareas pueden ser más interesantes que otras para potenciar ciertas partes del mecanismo. Asimismo, antes he comentado que trato de ordenar mis enseñanzas en función de la dificultad de los objetivos. En una entrada anterior ya comenté sobre estos objetivos del juego y sobre la idea que surgía como resultado: el riesgo (aquí tenéis el enlace por si queréis revisarlo). Creo firmemente que el manejo del riesgo debe estar en manos de los jugadores durante los ejercicios y el juego real. Trabajar a diario por mejorar la decisión de cuánto de ofensivo se puede ser en cada momento es una garantía de aprendizaje constructivista. No es fácil porque es necesario que nosotros, los entrenadores, seamos los primeros que cambiemos el foco de atención de las ejecuciones a las decisiones, y que evaluemos a partir de ellas la percepción y el movimiento.

martes, 8 de abril de 2014

El nuevo entrenador de formación


El baloncesto es un juego en constante evolución, al igual que la sociedad, la ciencia y el propio ser humano. Las visiones estáticas o conservadoras están condenadas a quedarse atrás. Es por esto que los entrenadores deben estar al día. La renovación es continua. Pero, cada vez que se aborda este tema en artículos o conferencias, el objeto de esa evolución parece limitarse al propio juego. Es difícil, aunque no imposible, encontrar entrenadores que hablen sobre cambios en su estilo de liderazgo o sobre sus rutinas de trabajo. Los sistemas ofensivos y defensivos se llevan todo el protagonismo. Para más inri, los pocos que últimamente están aportando algo a este respecto son entrenadores centrados en el rendimiento, en categorías senior y en divisiones profesionales o semi-profesionales. La verdad es que, si eres entrenador de formación en un colegio o un club de ámbito provincial o autonómico, tu única fuente de formación son los cursos de entrenador de las federaciones o los clínics locales organizados por compañeros de profesión. En mi opinión esta oferta es insuficiente, y aunque muy apreciada, me parece que los contenidos que se tratan en ambas opciones no cubren ni la mitad de lo que realmente es necesario. Otra vez, suelen focalizarse en la técnica y la táctica, en el reglamento o el scouting… en definitiva, en el juego del baloncesto. Me parece una propuesta incompleta y estancada.

He tratado de resumir en una sola frase cuál es la labor del entrenador de formación. Además, he intentado que recogiera los focos imprescindibles a los que debe apuntar nuestra formación. Demasiado resumen puede dar una sensación pobre, casi de arte conceptual, pero también puede ser manejable y fácil de recordar. Solo tres palabras para englobar toda nuestra formación. Tres áreas de conocimiento.

Yo, entrenador de baloncesto, me pregunto en qué consiste mi trabajo. Y lo puedo resumir así:

Enseñar un juego de equipo


ENSEÑAR

Enseñar es solo la mitad; la nuestra; la que solo tiene sentido si va unida a aprender. El binomio enseñanza-aprendizaje es el objeto de estudio de las ciencias de la educación y la pedagogía. Esta debería ser una de las áreas fundamentales en nuestra formación. Porque enseñar y aprender, independientemente de la materia, tienen unos principios y fundamentos que son como una llave maestra, la cual puede abrir cualquier mente y disponerla para el aprendizaje.

La educación ha sido estudiada desde tiempos inmemoriales, y la pedagogía como tal nació hace más de tres siglos. No obstante, gracias a que los avances de la ciencia nos han permitido conocer mejor el funcionamiento y evolución del cuerpo humano en general y del cerebro en particular, lo que sabemos hoy en día sobre el proceso de EA dejaría boquiabiertos a eruditos en la materia como Sócrates, Freud o Piaget. Conceptos como la plasticidad cerebral, las inteligencias múltiples o las TIC han revolucionado la forma de enseñar y aprender. Las escuelas tradicionales no han sido apartadas, como se tiende a considerar, sino englobadas dentro de unas metodologías más abiertas y flexibles.

No puedo comprender como nosotros, los entrenadores de niños, podemos entrar cada día en la pista y tratar con nuestro equipo sin sentir la responsabilidad de hacer bien el trabajo. Y por hacer bien ahora me estoy refiriendo a enseñar bien. Dedicarse a enseñar y no conocer la ciencia que lo estudia es como ser piloto de avión sin saber nada de motores.


JUEGO

Esta palabra bien podría sustituirse por deporte, lo que daría un mayor empaque a la idea de competitividad y mentalidad de deportista, pero me gusta pensar que juego lleva todo esto también incluido. Además le añade el factor fundamental: la diversión. No es este el momento de centrarme en esto, pero sí diré que hay tantas formas de diversión como personas hay, incluso más, y la diversión es la expresión máxima de libertad. Nadie puede obligarte a divertirte. Esto podría fundamentar el hecho de que el juego sea considerado el disfraz del aprendizaje. En libertad total, sin ninguna presión, en la burbuja… 

Pero no enseñamos cualquier juego. Nosotros enseñamos baloncesto. He aquí otra de las áreas fundamentales sobre las que versar nuestra formación. Debemos conocer este deporte con toda la profundidad que podamos. Y digo profundidad y no extensión. Cualquiera que sea lector habitual de este blog sabrá que soy un defensor aguerrido de la lógica interna. Y es que nuestra tarea no es enseñar mucho, sino enseñar bien. Los entrenadores sabemos (gracias a las cámaras en tiempos muertos ACB) un montón de sistemas posibles que combinan otro montón de bloqueos… pero no sabemos decir las tres o cuatro cosas fundamentales para que un bloqueo sea útil y legal. Combinamos tres o cuatro movimientos diferentes para atacar las zonas de rivales (según sean pares o impares) y no transmitimos las ideas principales sobre las que asienta cualquier ataque a zona. Consideramos que nuestra formación es continua porque nuestros sistemas son distintos cada temporada, cuando en realidad nos da miedo admitir que ya no sabemos enseñar nada más del sistema anterior, pues nuestro entendimiento del mismo no pasa de la ordenación de sus partes o, como mucho, de la priorización de estas.

Todos los contenidos del baloncesto tienen una razón de ser. Ya sean técnicos, tácticos, estratégicos o psicológicos, todos tienen unas bases sobre las que se asientan y conocer esos pilares es lo que asegura un proceso de aprendizaje útil y duradero.

Por ejemplo: los ya mencionados bloqueos. En el aspecto táctico, su intención es el uso del cuerpo para dificultar el avance de un rival, generalmente defensor. Esto bien podría ser una definición del mismo, pero también un primer paso para su enseñanza. Y no solo eso, sino también un criterio para evaluar cada uno de los bloqueos que se hagan, así sean en ejercicios, juego libre, sistemas, etc. Si un bloqueo no cumple la premisa de hacerse con el cuerpo y servir para dificultar el avance del rival no puede ser considerado bloqueo y además, casi con total seguridad no servirá para el propósito pretendido. Pero además, en el plano técnico, también tenemos unos fundamentos. Estos surgen de la combinación de dos entes: el reglamento y la biomecánica. Podemos decir que el primero nos proporciona información sobre lo que es legal y lo que no y el segundo nos aporta una visión general de cómo puede moverse el cuerpo de forma más efectiva. El artículo 33.1 de las reglas de juego FIBA establece el principio del cilindro, y en sucesivas se definen las formas de contacto legal (impacto en torso, pies en el suelo, posición legal de defensa…). Por la parte mecánica es importante conocer la importancia del tono muscular para la velocidad de reacción y desplazamiento, así como la coordinación de los desplazamientos que permiten girar y avanzar de forma rápida y explosiva. Tanto las reglas mencionadas como el trabajo de coordinación conforman ese primer paso del trabajo técnico del bloqueo.

Conocer estos fundamentos lógicos del juego es lo que permite dominar la metodología. Partiendo de principios básicos como el de transferencia o el de dificultad creciente podemos crear secuencias de tareas que aseguren el aprendizaje de forma significativa. Bajo este prisma los sistemas de ataque o defensa se eligen por su riqueza didáctica, no por su rendimiento en la liga. Y esto puede parecer un detalle pequeño, pero al tratarse de las primeras etapas de la formación, una pequeña diferencia puede cambiarlo todo al final.


EQUIPO

El entrenador es el jefe del equipo. A menudo también el líder. Pero la forma de ejercer ese liderazgo es lo que le convertirá o no en un buen gestor del equipo. El trabajo en grupo es la herramienta más poderosa que tenemos para aprender, sobretodo la tan mencionada educación en valores. La diversidad dentro de un colectivo puede ser su arma más poderosa, dotando al grupo de capacidad de adaptación ante los desafíos y proporcionando a cada miembro relaciones muy distintas, pero también puede ser el germen de la discordia y la fragmentación. Es papel del entrenador trabajar dentro de la cooperación y la oposición, dándoles valor significativo a ambas.

Por otro lado, la capacidad del entrenador para comunicarse con el grupo también será un factor que determine el éxito del aprendizaje. Desde siempre me ha parecido que la formación en torno a las habilidades comunicativas estaba dejada de lado. No recuerdo ningún curso de entrenador, clínic o charla de baloncesto en la que se haya abordado este tema en profundidad. Transmitir con precisión, claridad y sobretodo emoción son saberes que podemos desarrollar con la adecuada formación.

El día a día en la pista está lleno de pequeñas decisiones, de acciones y reacciones, que no siempre podemos pararnos a meditar. Es necesario tener un estilo de liderazgo asumido que proporcione las respuestas adecuadas. Además, los jugadores (no olvidemos que se trata de niños y adolescentes) tomarán nuestros comportamientos como modelos de conducta, ya sea para imitarlos o para evitarlos. Los tiempos en los que los adultos eran autoridad per se han pasado. Ahora es necesario convencer, casi enamorar. Y para conseguir esto debemos formarnos en este ámbito también. La dirección de grupos es, sin duda, la tercera área fundamental de la formación de un entrenador.


LAS TRES ÁREAS:

PEDAGOGÍA: BASES DEL APRENDIZAJE Y ETAPAS SENSIBLES EN EL DESARROLLO DEL NIÑO.

CONOCIMIENTO DEL JUEGO: REGLAMENTO, TÉCNICA, TÁCTICA Y ESTRATEGIA.

DIRECCIÓN DE GRUPOS: ESTILO DE LIDERAZGO, HABILIDADES COMUNICATIVAS Y EDUCACIÓN EN VALORES.

domingo, 8 de diciembre de 2013

La elegancia

Michael Jordan, John Stockton, Tim Duncan, Jordi Villacampa, Dejan Bodiroga, Ricky Rubio y un largo etcétera forman mi lista inacabada de jugadores elegantes. He nombrado solo algunos de los más conocidos pero estos no son, ni de cerca, ni los más numerosos ni los que más aprecio. En mi lista hay muchos chicos y chicas de clubes de autonómica, -por decir una competición.- Ha sido por ellos que me he planteado la noción de elegancia y que he buscado dentro y fuera de mí para poder dar mejores respuestas; así que va también dedicada a ellos esta reflexión.

Cuando pensamos en elegancia, fuera del contexto baloncestístico, suele venirnos  a la cabeza algún personaje famoso vestido con chaqueta y corbata, o quizá con un vestido. No obstante, el término en sí aspira a ser algo menos frívolo… algo más trascendente. Si somos capaces de liberarnos de las frías y oprimentes arenas movedizas del consumismo exacerbado y nos elevamos hasta las mismísimas nubes del conocimiento clarividente de las matemáticas, pronto enteremos que la elegancia es el compendio de eficacia y simplicidad, que parte de los mismos números que encriptan nuestra realidad y se extiende por todas las disciplinas de la existencia. Todo es susceptible de ser elegante.

Para comprender qué significa comportarse de tal forma en una pista de baloncesto debemos traducir los conceptos matemáticos de simpleza y eficacia al lenguaje de la pelota. No obstante, aunque este es el paso que estaréis deseando, no será el primero que daremos. Antes debemos comprender qué significan dichas características en la metodología científica.

Por un lado, el primer término (simple) hace referencia al número de elementos que intervienen en una demostración y el número de axiomas necesarios para su validez. Así, cuanto menor sea el número de elementos más elegante se considera el razonamiento, la teoría o la demostración. También será más elegante en cuantas menos verdades absolutas se apoye.

Por otro lado, comprender la eficacia nos puede presentar más problemas. En definición es la capacidad de conseguir el efecto deseado tras una acción. En las matemáticas es fácil determinar esto. La proposición es eficaz si es cierta, o dicho más profanamente, si el resultado es correcto. Para las acciones humanas este concepto se queda corto, y por eso introducimos la efectividad y la eficiencia. La primera es la capacidad de repetir con éxito las acciones y la segunda es la relación entre la efectividad y el gasto empleado. Es decir, se es más eficiente cuanto menos se necesita para obtener éxito repetidamente. Este gasto puede considerarse desde el económico al energético o el temporal, muy útiles estos dos últimos en la pista de baloncesto.

Así, traduciendo a la cancha, me atrevo a definir al jugador elegante como aquel que resuelve con éxito los problemas técnicos, tácticos e incluso emocionales, empleando para ello un reducido número de elementos (recursos en caso de la técnica y medios tácticos en el caso de lo estratégico) y gastando el menor tiempo y energía posibles. Añado como valor la eficiencia porque la gestión del gasto energético es tan importante como los sub-objetivos tácticos. El que es capaz de no malgastar sus recursos está teniendo con comportamiento eficaz para la consecución de los objetivos finales del juego.

Una vez definida mi concepción de la elegancia, la pregunta es obligada: ¿Es entrenable esta condición? Sin lugar a dudas, sí. Pero esto no quiere decir que todos los jugadores que se muestran elegantes han tenido un entrenador preocupado por explotar la cualidad. Lo que sí tengo seguro es que han pasado por un proceso interno de aprendizaje que anteponía la lógica a la memorización mental y motriz. Y he dicho interno porque, de alguna manera, estos jugadores han conseguido sobrevivir a sus entrenadores.

Por último, un apunte sobre la creatividad en relación con la elegancia. A menudo pensamos que la mejor manera de potenciar la virtud creadora en los chicos es dejándoles hacer las cosas de muchas maneras diferentes. Abrir las posibilidades hasta el infinito y premiar lo novedoso aún lejos de una utilidad práctica. Lo habitual es encontrarse con la idea de que para crear algo nuevo se debe partir de lo ya hecho y añadirle un toque personal. Aunque la combinación, adición y trasferencia son fórmulas válidas en la creación, la simplificación debería ser la más valorada. Cuando queramos influir en el componente creativo de nuestros jugadores retémosles a simplificar nuestras propuestas, a reducir nuestros sistemas hasta su esencia, a resolver los ejercicios-problema con la trampa que nosotros no habíamos previsto. Y valoremos esto como logros, pues lo más difícil es llegar a algo muy simple.

sábado, 20 de julio de 2013

Partiendo de cero III. Reflexiones sobre el riesgo



El riesgo no es un concepto simple. Pertenece al conjunto de los componentes tácticos y no podemos aislarlo de los otros para entrenarlo de forma analítica. Del mismo modo que sucede con el equilibrio o el ritmo en la técnica, el riesgo está presente en cada contenido táctico, en cada decisión que se toma y su control, muy a pesar de los entrenadores, podría depender más de mecanismos inconscientes que de planes estratégicos. ¿Esto quiere decir que no podemos mejorar dicho aspecto en nuestros jugadores? No creo. El hecho de que, ante una situación del juego que se produce a mucha velocidad y tensión, los jugadores decidan la mayor parte de sus acciones sin reflexión previa no quiere decir que esas respuestas estén fuera de control. Más bien están interiorizadas. Se trata de un  proceso muy profundo en el aprendizaje: la automatización.


Antes de continuar me gustaría distinguir este proceso de otro que puede llevar a confusión: la repetición. Este último es un recurso metodológico, con sus conocidos pros y contras, pero el primero es un proceso mental, simple en la idea pero complejo en su ejecución, por el que se asocian un conjunto de estímulos concretos a una respuesta determinada. Y si bien es cierto que la repetición puede ser de gran ayuda para la automatización de respuestas tácticas, no es ni de cerca el recurso metodológico más importante para su desarrollo. Entre otros, yo destacaría la variabilidad y el número de escenarios propuestos para resolver las tareas y la calidad y forma de la evaluación de las decisiones tomadas mediante la discusión en grupo y/o con el entrenador.


Volviendo al hilo sobre la automatización del control del riesgo, parece determinante para su evolución el número de vivencias anteriores que los jugadores han tenido en las mismas condiciones, entendiendo por éstas la distribución de espacios y jugadores, el tanteo y el crono, las sensaciones individuales y colectivas, las directrices del entrenador, la presión ambiental, etc. Algunos de estos parámetros son fácilmente reproducibles en los entrenamientos, pero otros requieren del juego vivo. Esto quiere decir que, en cualquier caso, la mejora en el control del riesgo requiere mucho tiempo. Al menos una mejora profunda y duradera que nazca de la autogestión del jugador.


Por otro lado, la comprensión profunda de la lógica interna de cada situación a nivel conceptual puede ayudar mucho a los jugadores a favorecer la automatización de sus respuestas. Enfrentándome a los conocidos reproches que se le hacen a las pausas largas durante los ejercicios, entiendo que en el aprendizaje la ocasión lo es todo. Y comprender total y lúcidamente, hasta con capacidad para explicarlo por uno mismo, la construcción lógica de una situación táctica, relacionando sus elementos y valorando las alternativas, me parece más productivo que el control de los aspectos condicionales. Sobre todo en el caso de jugadores no profesionales y cuyo rendimiento no es un imperativo. Así pues, precisaremos de los jugadores y de nosotros mismos una actitud crítica y analítica siempre presente en los entrenamientos, donde parar y resolver dudas sea natural. Un ambiente que valore el error como la ocasión de iluminar algo que antes estaba oscuro y que causaba miedo. Una inquietud constante ante la reflexión y el cuestionamiento de lo establecido.


Por último, y para apoyar mi apuesta por el entrenamiento cognitivo, me gustaría invitaros a que os preguntéis quién o quiénes de vuestros equipos son los que mejor control del riesgo tienen y quién o quiénes son los que mejor podrían hacer el papel de entrenador. Es posible y yo creo que probable, que en ambos casos sean los mismos jugadores. Y en la situación que estamos donde el baloncesto profesional se está reduciendo por minutos, me parece una elección inteligente terminar de enfocar el entrenamiento de nuestro deporte hacia lo que desde un principio fue, un pasatiempo y una forma de enseñar a pensar.


lunes, 6 de mayo de 2013

Partiendo de cero II. El concepto de riesgo.


En esta entrada quiero comenzar el análisis de la lógica del juego por lo más básico que se me ocurre. ¿En qué consiste jugar bien al baloncesto? Unos dirían que en ganar. Otros que en desarrollar un juego efectivo a la vez que vistoso. Todas ellas respuestas perfectamente válidas, pero más propias de un tuit que de un blog, así que trataré de ahondar más. Jugar bien, realmente bien, para mí exige un conocimiento profundo de unos pocos hechos muy simples.

Para empezar, los elementos que conforman el propio juego. Estos son los jugadores, el terreno y las canastas, el balón, el reglamento, el árbitro y los oficiales de mesa… Además podemos añadir como elementos estructurales el tiempo y el espacio, fundamentales para el desarrollo estratégico. Como veis, el entrenador, así como el público, los padres y la prensa, quedan fuera de lógica interna. Si bien es cierto que el papel del entrenador, influyendo en su equipo durante los partidos, podría ser considerado intrínseco al juego. Yo prefiero excluir su parte, en parte, para redimir mis pecados de tiempos muertos…

Superado el primer hecho del juego, sus elementos, nos disponemos a comenzar la andadura de sus roles, o funciones, o mejor aún, de cómo los distintos elementos antes vistos se relacionan entre sí. El reglamento define los principales nexos entre dichos elementos. Así, establece en su artículo 1.1

El baloncesto lo juegan dos (2) equipos de cinco (5) jugadores cada uno. El objetivo de cada equipo es encestar en la canasta del adversario e impedir que el equipo contrario enceste.

A este primer artículo subyace la idea de oposición, así como la de cooperación. Asimismo establece los roles básicos de ataque y defensa y fija los objetivos originarios de cada rol. No obstante, en las reglas de juego no se definen estos papeles (ataque y defensa) explícitamente a pesar de que sí haga uso de ellos en la descripción de varias reglas. Damos por sentado que atacante es todo jugador del equipo que tiene el control de la pelota. Su objetivo es encestar en la canasta del adversario. Y para ello necesita conservar la posesión de dicha pelota. Al menos el tiempo necesario para poder hacer un lanzamiento a canasta. Podríamos decir que en el rol de ataque tenemos un objetivo ofensivo (anotar) y otro defensivo (conservar). Además, estos dos objetivos están íntimamente relacionados con sus equivalentes defensivos. Por un lado, el equipo que no está en posesión del balón debe impedir que el adversario anote, como reza el artículo 1.1, pero además, debido al 1.3 donde se define quién gana, querrá recuperar la posesión para poder anotar. El nexo es evidente. Cuando un equipo quiere anotar, el otro concentra sus esfuerzos en evitarlo. Por el contrario, cuando un equipo quiere recuperar la pelota, el otro se aplica para protegerla. Además, la relación no acaba ahí, porque como en una balanza, cuanto más esfuerzo pone un equipo en conseguir su objetivo ofensivo, más descuidado deja el defensivo. Viceversa también. Podríamos denominar riesgo a cómo de ofensivos o defensivos nos mostramos.

Para trabajar esta idea con los jugadores, yo les presento una escala del riesgo que va de 0 a 10, donde 0 es poner todo el esfuerzo en el objetivo defensivo (en ataque conservar y en defensa proteger) y 10 es todo puesto en anotar o en recuperar la posesión (objetivos ofensivos). Y se puede trabajar mediante cualquier ejercicio en el que haya oposición. Puede ser una pregunta rápida, a mitad de la tarea, que les sirva de pie para replantearse las estrategias. ¿Qué nivel de riesgo os interesa ahora? El número que den no será lo importante, sino la reflexión que le siga. De esta manera nos aseguramos que los jugadores están familiarizados con una gran idea de la lógica interna de este juego: Para conseguir ganar debes tener entre tus objetivos que el equipo contrario no consiga los suyos, y para eso deberás interpretar sus acciones e intenciones. Intentar recuperar el balón cuando esté desprotegido y no atacarlo cuando lo esté nuestra canasta. Parece fácil pero no lo es.


Cuadro realizado por M. Lajo y A. Rodilla para el proyecto de EEMM de baloncesto de Denia, año 2003.

Será motivo de otra entrada analizar qué variables son relevantes en el control de dicho riesgo. Espero vuestros comentarios y críticas.

sábado, 4 de mayo de 2013

Partiendo de cero I. La toma de decisiones.



        Empecé a entrenar con 14 años. Un par de años antes había conocido al que fue la razón de mi oficio, David, mi entrenador. Para mí los primeros años fueron como una explosión de conocimientos. Cada día aprendía conceptos nuevos, palabras técnicas y ejercicios imposibles. Casi todo tenía que ver con el juego, con la técnica y la táctica, términos confusos para mí en aquel momento. Como si de un saqueo postapocalíptico se tratase, yo entraba en los entrenamientos de los demás a quedarme con todo lo que me abarcase. Como si no fuese a verles entrenar nunca más. Para mí, aquellos sabios tenían bibliotecas enteras dentro de su cabeza y yo sólo estanterías vacías. No necesitaba un criterio para seleccionar la información. Todo era nuevo. Todo iba para adentro.

        Con el paso del tiempo y el ejercer de mi función fui llenando mis propias librerías. Organizando aquellos conocimientos, como si anduviera por los pasillos de mi biblioteca, fui descubriendo la necesidad de organizarlo todo por categorías. Cada vez que aprendía algo nuevo sentía la necesidad de relacionarlo con todo lo demás. Quería encontrarle un sitio donde alojarlo dentro de la ciudad de mis ideas. Creé una sala para los sistemas, otra para los gestos técnicos, los aspectos psicológicos, la condición física... 

        Estas salas han sufrido numerosas reformas a lo largo de mi experiencia. He tirado tabiques, he separado estancias, todo un sinfín de reorganizaciones mentales que siguen en perpetuo cambio. Pero fue a raíz de conocer a otro de mis gurús cuando descubrí algo nuevo que iba a cambiar mi concepto compartimentado del saber baloncestístico.

Alfredo hizo que me diera cuenta, entre otras muchas cosas, del papel que juega la metodología en todo esto. Hasta ese momento esta parcela era sinónimo de ejercicios, sesiones o formas de trabajar. Pero la convivencia con este genio y el contacto directo con su trabajo me reveló el verdadero potencial organizador del método. En esencia, la metodología debe ser el eje vertebrador del aprendizaje técnico-táctico. Todo lo que se puede hacer en una pista está relacionado con el resto de los elementos. Todo está conectado y la mejor manera de llegar a jugar de forma eficaz es conocer esas conexiones y saber avanzar por la ruta que nos marcan. Estoy hablando de la toma de decisiones como elemento diferenciador en la metodología a emplear.

        No pretendo aquí discutir el papel de la ejecución técnica o la importancia de la percepción y la evaluación. Todo ello es consustancial al hecho táctico y, evidentemente, su mejora tendrá efectos positivos en el rendimiento en el juego. Pero yo apuesto por la toma de decisiones como centro del sistema porque, bajo la perspectiva del baloncesto de formación, el conocimiento de la lógica interna del juego no limita las capacidades de los practicantes. De hecho, las potencia. Será necesario un profundo conocimiento de sí mismo y un apropiado razonamiento lógico, pero ningún jugador quedará excluido del juego por sus características personales. Y no olvidemos que el fin último de la mayoría de entrenadores de baloncesto es hacer que el juego sea lo más disfrutable y enriquecedor posible para nuestros jugadores.

      Así, la lógica interna del juego fue el segundo regalo más grande que este mi maestro me dio.  Para conocer el primero tendrás que releer Cartas a mi entrenador, volumen 1.