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miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Comprometerse…? ¡Vale, parece fácil!



Una de las pocas advertencias que hago a mis jugadores cuando comienzo una andadura con ellos es el valor que le doy al compromiso. Su actitud debe ser proactiva en la construcción de ese equipo. Pero, como todo tema profundo, no suele bastar con una charla en el centro del campo.

Si un jugador falla a un compromiso que ni siquiera comprende, ¿es culpable de ese fallo? ¿Y de haberse comprometido? Y quien aceptó por buena su respuesta aun sabiendo que en esa negociación cada parte hablaba una lengua diferente, ¿es responsable?

No creo en unas reglas de compromiso. Al menos no en unas impuestas por terceros. Creo en la vinculación emocional con un proyecto colectivo. Se necesita tiempo para forjarlo y escenarios interesantes donde tejer una red de razones personales y vivencias verdaderamente trascendentes.
Sé que es un ideal, y sé que a veces debo obviarlo. Pero, en el fondo, creo que es lo único que me causa verdadera admiración. Aquellos jugadores que comprenden lo que significa compromiso con el equipo, con su rol en él y que en beneficio de sus iguales asumen una actitud de disposición al cambio, al crecimiento.

El compromiso es un valor difícil de transmitir; complejo de entender y hacer entender a familiares y amigos; y duro de cumplir.

A primera vista parece consistir en decir NO recurrentemente. No a los viajes familiares, no a las fiestas nocturnas, no al alcohol, no al fin de semana tranquilitos… pero esto es solo a primera y corta vista. En realidad, para que un compromiso funcione debe tener más síes que noes. Dependerá de cada uno encontrar sus propias experiencias gratificantes y convencerse de su valor. Por ejemplo, para mí, cada NO que digo convierte en mejores los éxitos que alcanzo. Siento más meritoria mi actuación en un partido si sé que he hecho lo posible por llegar en las mejores condiciones. Obtengo más felicidad. Ese es un gran SÍ. Además, está el respeto de los que me rodean. Otro gran SÍ que solo se puede alcanzar desde las muestras de compromiso. El sentirse fiel a unos orígenes y a unos mentores, otro SÍ enorme. Y podría continuar.

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Corolario personal.- Algunas veces me han preguntado si no me arrepiento de estar tan metido en el baloncesto; si no creo que me he perdido cosas por ello. Y les respondo a lo primero que no y a lo segundo que sí. Pero que no es el basket el que me ha quitado nada. He sido yo, ferviente devoto, el que le hace ofrendas esperando un futuro favorable.


sábado, 16 de mayo de 2015

Entrenadores que forman



La mayoría de jugadores profesionales, así como algunos que no lo son pero que se sienten como tal, saben perfectamente que nadie ha recorrido su camino por ellos. Algunos de estos pasos fueron hacia adelante y otros, aparentemente, hacia atrás; pero todos son sentidos como mérito propio y causa del éxito actual.

No obstante, los mismos jugadores también saben que hubiera sido imposible caminar solos. El deporte, y de forma más amplia el juego, son hechos sociales que exigen, por definición, interactuar con otros. Competir, en su lengua madre significa esforzarse juntos; y aunque parece evidente que con ese "juntos" se refiere a los rivales, también podría ser extensible a los compañeros y a todos aquellos que rodean el hecho deportivo. De entre todos, ahora me quiero fijar en aquellos que acompañan al deportista preparándolo día a día, vestidos de corto, planificando el siguiente paso, metiéndose en su cabeza y poniéndose, en definitiva, a su servicio: los entrenadores de formación; los entrenadores que forman.

El entrenador de categorías inferiores no es, necesariamente, un entrenador de formación. Tampoco el que dirige el primer equipo del club y hace debutar al joven talentoso. Ni el entrenador personal, ni el de tecnificación, ni el preparador físico, ni el psicólogo, ni el entrenador-amigo. Ninguno de ellos tiene porqué ser un entrenador de formación y todos pueden serlo. Y no me estoy refiriendo a que haya buenos y malos. No tiene que ver con su nivel. El entrenador de formación, según mi manera de verlo, es aquel que consigue influir de forma determinante en el carácter de sus deportistas y el que enseña a comprender el mundo del baloncesto y a aprender a jugar mejor.

Entrenadores de formación son todos aquellos que trabajan de forma efectiva junto al jugador en la creación de una mentalidad fuerte y bien enfocada. Puede que además enseñen otras cosas, como técnicas o tácticas, o que ayuden a potenciar el físico, o a mejorar la coordinación... pero todas ellas son meras herramientas al servicio de ese gran objetivo. Al menos, para un entrenador de formación.



sábado, 1 de noviembre de 2014

Sobre líderes, política y gestión de equipos



Cuando la decadencia está en los espacios formales, las soluciones pueden venir de las agitaciones que esta provoca en los ámbitos informales. Los líderes efectivos se atreven a salir en su búsqueda sin miedo a perder los formalismos.

martes, 8 de abril de 2014

El nuevo entrenador de formación


El baloncesto es un juego en constante evolución, al igual que la sociedad, la ciencia y el propio ser humano. Las visiones estáticas o conservadoras están condenadas a quedarse atrás. Es por esto que los entrenadores deben estar al día. La renovación es continua. Pero, cada vez que se aborda este tema en artículos o conferencias, el objeto de esa evolución parece limitarse al propio juego. Es difícil, aunque no imposible, encontrar entrenadores que hablen sobre cambios en su estilo de liderazgo o sobre sus rutinas de trabajo. Los sistemas ofensivos y defensivos se llevan todo el protagonismo. Para más inri, los pocos que últimamente están aportando algo a este respecto son entrenadores centrados en el rendimiento, en categorías senior y en divisiones profesionales o semi-profesionales. La verdad es que, si eres entrenador de formación en un colegio o un club de ámbito provincial o autonómico, tu única fuente de formación son los cursos de entrenador de las federaciones o los clínics locales organizados por compañeros de profesión. En mi opinión esta oferta es insuficiente, y aunque muy apreciada, me parece que los contenidos que se tratan en ambas opciones no cubren ni la mitad de lo que realmente es necesario. Otra vez, suelen focalizarse en la técnica y la táctica, en el reglamento o el scouting… en definitiva, en el juego del baloncesto. Me parece una propuesta incompleta y estancada.

He tratado de resumir en una sola frase cuál es la labor del entrenador de formación. Además, he intentado que recogiera los focos imprescindibles a los que debe apuntar nuestra formación. Demasiado resumen puede dar una sensación pobre, casi de arte conceptual, pero también puede ser manejable y fácil de recordar. Solo tres palabras para englobar toda nuestra formación. Tres áreas de conocimiento.

Yo, entrenador de baloncesto, me pregunto en qué consiste mi trabajo. Y lo puedo resumir así:

Enseñar un juego de equipo


ENSEÑAR

Enseñar es solo la mitad; la nuestra; la que solo tiene sentido si va unida a aprender. El binomio enseñanza-aprendizaje es el objeto de estudio de las ciencias de la educación y la pedagogía. Esta debería ser una de las áreas fundamentales en nuestra formación. Porque enseñar y aprender, independientemente de la materia, tienen unos principios y fundamentos que son como una llave maestra, la cual puede abrir cualquier mente y disponerla para el aprendizaje.

La educación ha sido estudiada desde tiempos inmemoriales, y la pedagogía como tal nació hace más de tres siglos. No obstante, gracias a que los avances de la ciencia nos han permitido conocer mejor el funcionamiento y evolución del cuerpo humano en general y del cerebro en particular, lo que sabemos hoy en día sobre el proceso de EA dejaría boquiabiertos a eruditos en la materia como Sócrates, Freud o Piaget. Conceptos como la plasticidad cerebral, las inteligencias múltiples o las TIC han revolucionado la forma de enseñar y aprender. Las escuelas tradicionales no han sido apartadas, como se tiende a considerar, sino englobadas dentro de unas metodologías más abiertas y flexibles.

No puedo comprender como nosotros, los entrenadores de niños, podemos entrar cada día en la pista y tratar con nuestro equipo sin sentir la responsabilidad de hacer bien el trabajo. Y por hacer bien ahora me estoy refiriendo a enseñar bien. Dedicarse a enseñar y no conocer la ciencia que lo estudia es como ser piloto de avión sin saber nada de motores.


JUEGO

Esta palabra bien podría sustituirse por deporte, lo que daría un mayor empaque a la idea de competitividad y mentalidad de deportista, pero me gusta pensar que juego lleva todo esto también incluido. Además le añade el factor fundamental: la diversión. No es este el momento de centrarme en esto, pero sí diré que hay tantas formas de diversión como personas hay, incluso más, y la diversión es la expresión máxima de libertad. Nadie puede obligarte a divertirte. Esto podría fundamentar el hecho de que el juego sea considerado el disfraz del aprendizaje. En libertad total, sin ninguna presión, en la burbuja… 

Pero no enseñamos cualquier juego. Nosotros enseñamos baloncesto. He aquí otra de las áreas fundamentales sobre las que versar nuestra formación. Debemos conocer este deporte con toda la profundidad que podamos. Y digo profundidad y no extensión. Cualquiera que sea lector habitual de este blog sabrá que soy un defensor aguerrido de la lógica interna. Y es que nuestra tarea no es enseñar mucho, sino enseñar bien. Los entrenadores sabemos (gracias a las cámaras en tiempos muertos ACB) un montón de sistemas posibles que combinan otro montón de bloqueos… pero no sabemos decir las tres o cuatro cosas fundamentales para que un bloqueo sea útil y legal. Combinamos tres o cuatro movimientos diferentes para atacar las zonas de rivales (según sean pares o impares) y no transmitimos las ideas principales sobre las que asienta cualquier ataque a zona. Consideramos que nuestra formación es continua porque nuestros sistemas son distintos cada temporada, cuando en realidad nos da miedo admitir que ya no sabemos enseñar nada más del sistema anterior, pues nuestro entendimiento del mismo no pasa de la ordenación de sus partes o, como mucho, de la priorización de estas.

Todos los contenidos del baloncesto tienen una razón de ser. Ya sean técnicos, tácticos, estratégicos o psicológicos, todos tienen unas bases sobre las que se asientan y conocer esos pilares es lo que asegura un proceso de aprendizaje útil y duradero.

Por ejemplo: los ya mencionados bloqueos. En el aspecto táctico, su intención es el uso del cuerpo para dificultar el avance de un rival, generalmente defensor. Esto bien podría ser una definición del mismo, pero también un primer paso para su enseñanza. Y no solo eso, sino también un criterio para evaluar cada uno de los bloqueos que se hagan, así sean en ejercicios, juego libre, sistemas, etc. Si un bloqueo no cumple la premisa de hacerse con el cuerpo y servir para dificultar el avance del rival no puede ser considerado bloqueo y además, casi con total seguridad no servirá para el propósito pretendido. Pero además, en el plano técnico, también tenemos unos fundamentos. Estos surgen de la combinación de dos entes: el reglamento y la biomecánica. Podemos decir que el primero nos proporciona información sobre lo que es legal y lo que no y el segundo nos aporta una visión general de cómo puede moverse el cuerpo de forma más efectiva. El artículo 33.1 de las reglas de juego FIBA establece el principio del cilindro, y en sucesivas se definen las formas de contacto legal (impacto en torso, pies en el suelo, posición legal de defensa…). Por la parte mecánica es importante conocer la importancia del tono muscular para la velocidad de reacción y desplazamiento, así como la coordinación de los desplazamientos que permiten girar y avanzar de forma rápida y explosiva. Tanto las reglas mencionadas como el trabajo de coordinación conforman ese primer paso del trabajo técnico del bloqueo.

Conocer estos fundamentos lógicos del juego es lo que permite dominar la metodología. Partiendo de principios básicos como el de transferencia o el de dificultad creciente podemos crear secuencias de tareas que aseguren el aprendizaje de forma significativa. Bajo este prisma los sistemas de ataque o defensa se eligen por su riqueza didáctica, no por su rendimiento en la liga. Y esto puede parecer un detalle pequeño, pero al tratarse de las primeras etapas de la formación, una pequeña diferencia puede cambiarlo todo al final.


EQUIPO

El entrenador es el jefe del equipo. A menudo también el líder. Pero la forma de ejercer ese liderazgo es lo que le convertirá o no en un buen gestor del equipo. El trabajo en grupo es la herramienta más poderosa que tenemos para aprender, sobretodo la tan mencionada educación en valores. La diversidad dentro de un colectivo puede ser su arma más poderosa, dotando al grupo de capacidad de adaptación ante los desafíos y proporcionando a cada miembro relaciones muy distintas, pero también puede ser el germen de la discordia y la fragmentación. Es papel del entrenador trabajar dentro de la cooperación y la oposición, dándoles valor significativo a ambas.

Por otro lado, la capacidad del entrenador para comunicarse con el grupo también será un factor que determine el éxito del aprendizaje. Desde siempre me ha parecido que la formación en torno a las habilidades comunicativas estaba dejada de lado. No recuerdo ningún curso de entrenador, clínic o charla de baloncesto en la que se haya abordado este tema en profundidad. Transmitir con precisión, claridad y sobretodo emoción son saberes que podemos desarrollar con la adecuada formación.

El día a día en la pista está lleno de pequeñas decisiones, de acciones y reacciones, que no siempre podemos pararnos a meditar. Es necesario tener un estilo de liderazgo asumido que proporcione las respuestas adecuadas. Además, los jugadores (no olvidemos que se trata de niños y adolescentes) tomarán nuestros comportamientos como modelos de conducta, ya sea para imitarlos o para evitarlos. Los tiempos en los que los adultos eran autoridad per se han pasado. Ahora es necesario convencer, casi enamorar. Y para conseguir esto debemos formarnos en este ámbito también. La dirección de grupos es, sin duda, la tercera área fundamental de la formación de un entrenador.


LAS TRES ÁREAS:

PEDAGOGÍA: BASES DEL APRENDIZAJE Y ETAPAS SENSIBLES EN EL DESARROLLO DEL NIÑO.

CONOCIMIENTO DEL JUEGO: REGLAMENTO, TÉCNICA, TÁCTICA Y ESTRATEGIA.

DIRECCIÓN DE GRUPOS: ESTILO DE LIDERAZGO, HABILIDADES COMUNICATIVAS Y EDUCACIÓN EN VALORES.

viernes, 11 de octubre de 2013

Las dimensiones del entrenador



El trabajo de entrenador deportivo de formación no está, para nada, bien considerado socialmente. A pesar de ello no pretendo hacer aquí una reivindicación en ese sentido. Tal y como yo lo veo, cuando alguien dice una expresión como la que yo he empleado al comienzo del texto parece insinuar que los culpables de dicho desprestigio sean los componentes de la propia sociedad. Nada más lejos. No creo que se avance nada buscando culpables. Yo quiero reflexionar sobre las causas.

La primera que me gustaría indicar es muy sencilla en su concepto. Hay muchas otras profesiones tan o más trascendentes que tampoco son reconocidas socialmente como deberían. Digamos que si hiciéramos un ranking de popularidad con todos los trabajos posibles, los entrenadores estaríamos en la mitad inferior casi seguro, compartiendo estatus con otras como operadores de telefonía móvil, esteticistas, cajeros o músicos. Y todos ellos pensarán lo mismo que nosotros. Pero no todos podemos ascender. Eso es imposible en un ranking.

La segunda causa, la principal para mí, es el desconocimiento generalizado de la profundidad de nuestro quehacer. A todos os habrá pasado que, en alguna fiesta o reunión, cuando alguien os ha preguntado a qué os dedicáis, la reacción habitual al oír la respuesta sea volver a preguntar ¿Y no haces nada más? Me imagino que la razón de esto tiene que ver con los bajos salarios que habitualmente percibimos o con la idea de que solo entrenamos unas pocas horas al día, frente a las ocho habituales de los trabajadores de verdad. O quizá con una necesidad de realización personal a través del trabajo que no se puede saciar haciendo botar una pelota. En definitiva, la simplificación de nuestra tarea a dinero, horas o tareas.

Yo quiero ofrecer aquí una visión del trabajo de entrenador de formación a partir de las diferentes dimensiones que ocupa ese rol dentro de un equipo. La autopsia que voy a realizar no es la propia ni la de nadie. Es la de quien quiera verse, en parte o en todo.


Entrenador como modelo


Dependiendo de la edad y el momento de maduración de los niños que entrenemos, debemos conocer el papel que juega para su desarrollo el establecimiento de modelos de conducta. En las edades propias del minibasket, infantil y cadete suele darse el tránsito de este modelo de dentro de la casa a fuera de ella. La referencia de conducta hasta ese momento han sido los padres, pero con el comienzo de adolescencia se traslada a un referente similar, adulto, pero alejado de las normas familiares. En los chicos que hacen deporte, su entrenador suele ser un espejo donde mirarse para saber cómo quieren ser ellos. A partir de la edad junior el foco se vuelve a trasladar buscando modelos entre sus iguales. Aquí los líderes del equipo asumen ese papel.





Entrenador como científico


La pista es nuestro laboratorio. Combinamos, dividimos, rediseñamos y construimos. Sometemos a prueba nuestras hipótesis, recalibramos cuando algo no encaja. Creamos nuestras propias teorías y buscamos demostrarlas para poder formularlas como leyes.
Además, los que nos aproximamos a metodologías constructivistas asumimos el reto de dejar entrar a los jugadores en ese laboratorio. Les mostramos el instrumental y trabajamos juntos en inventos inverosímiles. 



Entrenador como estratega


Es evidente que desarrollamos este rol, pero no siempre conocido en qué se fundamenta. Para dominar la estrategia del juego es necesario conocer los elementos que lo componen, las funciones y relaciones entre éstos y tener una opinión crítica sobre cada situación posible. Requiere de control del riesgo y de mecanismos de anticipación. Todo entrenador sabe que para jugar bien no basta con repetir lo que otros equipos hacen. Sabemos de la importancia de rediseñar y adaptar. Somos creadores de estrategias únicas.

Asimismo, nosotros nos encargamos de una parte de las ciencias de la actividad física y el deporte que sirve de base para el resto: la táctica. Ésta suele ser una rama tapada por las demás pero proveniente de la misma semilla que nos define, las reglas del juego. Y quienes la riegan, abonan y trasplantan somos los entrenadores.





Entrenador como equilibrista


Él dirige el autobús del equipo. Normalmente decide el destino, traza la ruta, conduce casi siempre, sobre todo en los tramos de más curvas, y lo más importante, atiende a las necesidades de cada miembro del equipo. A veces basta con hacer algo simple y alguien sale ganando. Otras veces lo difícil es saber qué conviene hacer. La mayoría no siempre tiene la razón y lidiar con las minorías puede ser lo peor. Como en todo sistema, cuando intentamos mejorar las condiciones de uno de los elementos, los otros se ven afectados. Mantener el equilibrio es una destreza que se aprende con los años.



Entrenador como maestro


Quizá por mi retardada y floreciente vocación de aulas he decidido dejar esta dimensión para el final. Quizá también porque era necesario exponer lo anterior para concluir que nuestro papel como educadores es primordial. Tanto por nuestro enganche con los jugadores, como por las posibilidades pedagógicas de la materia que impartimos en las pistas, como por la obligación moral contraída como líderes de un grupo, debemos tomarnos con responsabilidad nuestro quehacer.


La finalidad de la educación es preparar para la vida. Para una vida que no sabemos cómo será. Aprender es una capacidad consustancial al ser humano y la escuela, a veces, no sabe transmitir lo poderoso y apasionante de esta idea. Nosotros, en la cancha, hacemos trivialidades cargadas de moralejas. Pero se necesita una actitud positiva de aprendizaje para aprovecharlas. Conseguir que nuestros jugadores aprendan baloncesto es solo el principio. De normal vamos más allá, lo sepamos o no, cuando les enseñamos algo de historia viendo juntos Gladiator, o les hablamos de la inercia cuando entrenamos las paradas. Leemos pasajes de obras literarias, les preguntamos sobre cuestiones éticas o filosóficas, o les explicamos fisiología cuando se lesionan el tobillo y corremos a por hielo. Les enseñamos, queramos o no, una forma de pensar y un método de aprender, una actitud con la que enfrentarse a los momentos difíciles y una razón por la que estar unidos.   

jueves, 29 de agosto de 2013

Puntos de vista



La historia de Juan

Hoy ha sido un día raro. Clara se ha ido con un pavo de la otra clase y mis padres están súper pesados con que me quieren cambiar la habitación. Además, me han echado del entrenamiento y me han hecho sentir cosas que nunca antes había sentido. Ahora no sé si estoy bien o mal, ni si toda esta mierda ha servido para algo. Creo que lo del equipo es lo que más me jode.

Todo ha empezado en el vestuario, antes de entrenar. Miguel y Carlos estaban fanfarroneando mientras recordaban el partido de antes de ayer y han empezado a mofarse de mi mecánica. Como si yo no supiera que lo que tienen es envidia de que yo meta más triples que ellos… Son muy críos.

Luego ha empezado el entreno y todo ha ido bien durante casi una hora. Hemos hecho ejercicios en media pista al principio y yo me he puesto en el lado donde no estaban estos dos. Pero luego hemos hecho contrataques y partiditos y hemos vuelto a chocar. En mitad de un contrataque Miguel ha dejado de jugar y se ha venido a por mí gritando. Estaba loco y en plan agresivo. Hasta me han salpicado sus babas cuando me ha chillado a un palmo de distancia. Yo le he empujado un poco y le he dicho que de qué iba. Enseguida se ha achantado. Luego ha llegado Fredi y nos ha separado. Yo creía que le iba a echar del entreno, pero para mi sorpresa, nos ha juntado a todos y ha empezado en plan sermón… Y para colmo, cuando termina me mira y me dice “Juan, creo que no estás en las mejores condiciones para entrenar. Dúchate y mañana hablamos”. Me ha dejado roto.


La historia de Miguel

¡Día de locos! Tengo la sensación de haber vivido hoy una de esas cosas que no olvidaré jamás. Y todo gracias a Juan. Aunque él no lo sepa, creo que hoy nos ha hecho vivir algo muy especial.

Quiero hablar con él y explicarle lo que ha pasado. Creo que piensa que le tengo manía o algo, pero en realidad me cae de puta madre. A veces se pone así, como hoy, distraído y pasota, pero en general es muy buen compañero. Siempre ayuda al que ve más chafado y yo hoy he intentado lo mismo con él, pero creo que se ha llevado otra impresión.

Sé que he actuado fuera de la norma hoy, pero creo que Fredi está orgulloso de mí. ¡Lo estoy hasta yo! He conseguido hacer una de esas cosas que siempre nos cuenta en las charlas. Todo eso que dice sobre responsabilizarse del entrenamiento y hacer lo que podamos por enriquecerlo. Además, he tenido la sangre fría de pensármelo bien. Juan llevaba ya media hora empanado, sin esforzarse y pasándose por el forro los sistemas. ¡Si hasta Pancho lo superaba con facilidad! Supongo que habrá tenido alguna movida hoy en casa o con Clara, pero eso no es excusa. Yo sabía que tenía que hacer algo para remediarlo, para que el entrenamiento mejorase. Para mí, la pasividad es altamente contagiosa, y si no se ataca pronto puede producir una epidemia. Así que le he pegado una bronca en medio de un ejercicio. Se lo he explicado claro y alto, para que no tuviese dudas de que era algo importante para mí. 

Quería que supiera que yo ya no me conformo con cualquier entrenamiento. Fredi me ha hecho ver lo divertido que es vivir algo entregándose sin frenos. Y además me ha dado la confianza para expresar lo que pienso. Y si junto esas dos cosas y hago lo que creo que es mejor para el equipo, pasa lo que ha pasado hoy. En el fondo creo que es lo que él estaba deseando que pasase, aunque seguro que mañana actúa como si nada. Es su estilo.


La historia de Fredi

Adoro mi trabajo. Cada día es diferente, nada se repite aunque todo se parezca y a menudo dedico un rato a divertirme jugando a encontrar las diferencias. Por cierto, ¿os he dicho que mis chicos son geniales? Lo son. Ahora veréis lo que me ha pasado hoy.

Uno de mis jugadores ha sabido detectar un problema que no era evidente, luego ha valorado las opciones que tenía sobre cómo actuar en el problema, posteriormente ha tomado una decisión arriesgada y por último ha actuado en consecuencia. Lo increíble no es que haya seguido este proceso, que es casi natural. Lo apasionante es el argumento que le ha llevado a eso. Ha sabido anteponer los intereses del grupo a los suyos propios y los de algún amigo suyo. Miguel sabía que él saldría perdiendo al increpar a Juan, y que este podría salir peor aún, pero ha creído conveniente romper con lo que estaba pasando y actuar de forma libre. Yo definiría su estilo como psico-punk.

Sé que tendré que hablar con Miguel sobre sus formas, pero me parece un tema menor al lado del gran logro que el equipo ha conseguido. Cuando les he pedido que se explicaran después del altercado, Juan seguía en estado de shock y no ha sido capaz de dar un argumento convincente. Miguel, en cambio, estaba cargado de razones, pruebas, argumentos y pasión. Joder, cuando le ha dicho que no estaba dispuesto a permitirle que no diera su máximo por el equipo, casi…

He pensado que lo mejor para Juan era que no siguiera entrenando. Sé que él pensaba que iba a echar a Miguel por gritarle así, como hice con Marcos, pero esta vez era muy distinto. Juan solo era capaz de dar argumentos sobre él, lo injusto que era todo y el respeto que merecía. Estaba frustrado y no era capaz de pensar en los demás y de empatizar con Miguel. Si hubiese seguido entrenando la cosa solo podría haberse puesto peor. Esta misma noche voy a llamarle y a preguntarle cómo lo lleva. Según me han dicho parece que ha discutido con su novia también. Pobre chico, día duro.

martes, 29 de marzo de 2011

¡Oh capitán, mi capitán!



Me he dado cuenta de que, si pretendo que este blog refleje aquellos temas de los que me suelo ocupar cuando desarrollo mi quehacer diario, la etiqueta de liderazgo ya tardaba en aparecer. Así que esta vez me sirvo de esta excusa (la del capitán en los equipos de formación) para iniciar la nueva sección sobre reflexiones a cerca del líder.

Desde hace unas temporadas he establecido un sistema de comunicación con los jugadores de mis equipos que incluye varias tareas. Entre ellas, potencio el diálogo huyendo del monólogo, uso esquemas gráficos de las ideas que quiero comunicar, encargo trabajos de investigación o documentación, celebramos asambleas semanalmente donde todos tienen su tiempo para hablar, y otras actividades con las que intento no sólo interactuar con los chicos y nutrirme de la experiencia sino también estimular su proceso de maduración teniendo que enfrentarse a retos comunicativos nuevos. Esto es lo que para Vigotsky podría ser denominado trabajar en su zona de desarrollo próximo. Es decir, más allá de lo que ya conocen y dominan pero a un nivel asumible con las ayudas oportunas. 

De entre todas las tareas de comunicación que propongo hay una que se basa especialmente en lo que acabo de describir. La elección de capitán la asumo al poco de haber comenzado la temporada. En el rimer mes aproximadamente ya suelo decantarme por aquel chico que más necesite y mejor preparado esté para ser el líder formal del equipo. He dicho el mejor preparado porque para ser el líder de un grupo hay que tener ciertas características. Pero como dijo Buda, cada cosa depende de todas las demás, así que estas características suelen estar en función del equipo. Del grupo humano allí reunido, de sus objetivos y de sus necesidades. Y vuelvo a hablar de necesidad porque esto es formación y a diferencia del rendimiento donde lo que importa es el producto final, aquí lo que nos ocupa es el crecimiento continuo.

Paralelo al establecimiento del capitán, celebramos una asamblea extraordinaria donde creamos un paso intermedio entre el capitán y el equipo. Es lo que jocosamente denominamos "el consejo de sabios". Este nuevo órgano lo forman cuatro jugadores: El capitán, un jugador seleccionado por el capitán, un jugador seleccionado por el cuerpo técnico y un jugador seleccionado por el equipo sin contar al capitán. Conviene también que el equipo seleccione a un componente del cuerpo técnico para que forme parte del consejo. Las funciones de estos son tres: Servir de asesoramiento para el capitán cuando éste lo necesite, mantener una relación más continua con todos los miembros del equipo para saber las necesidades individuales, y por último, coordinar trabajos en pequeños grupos que el entrenador asigne. Nuevamente, toda esta estructura no es más que una excusa para potenciar la asunción de roles de líder. Un equipo da lugar a numerosas oportunidades de ejercer el liderazgo y no tenemos porqué enrolarnos siempre nosotros en esa tarea. Creo que es formativo y estimulante afrontar esos retos dentro de un contexto controlado por el entrenador.

Es frecuente que encontrar el líder del grupo no sea un problema. Se suele reconocer en dos o tres sesiones quién tiene más galones en el equipo. No obstante esto no significa siempre que sea un buen candidato a ejercer la capitanía. El concepto de líder oculto es clarificador en este aspecto. Es posible que entre el grupo de seguidores del líder visible se encuentre alguien en quien se apoye el mismo líder. Además, esta persona también puede ser un referente para el resto del grupo. Si se dan estas dos circunstancias estamos ante el líder oculto. Y así como el factor distintivo del líder visible suele ser su carisma, el del líder oculto suelen ser sus valores. O como un adolescente suele percibir, su autonomía y seguridad. Creo que este perfil es mucho más fiable para los intereses del equipo además de que, trabajando su carisma en la dirección, suele tener más potencial que el líder visible.

Por último me gustaría distinguir un tercer tipo de líder. Es el que yo llamo en líder en pista. Como es fácil deducir, éste es el que sirve de referencia o apoyo para el resto en las tareas propias del juego. Es determinante y potenciador de las capacidades de otros. Y aunque es muy útil tener localizados también a los líderes en pista de un equipo, tampoco creo que sea ésta una condición que les convierta en candidatos a capitán del equipo.

Así, a modo de resumen, he comprobado con la experiencia de los años que llevo siguiendo esta metodología que el baloncesto, una vez más, nos puede servir de excusa perfecta para educar en valores y habilidades sociales, dándoles herramientas y vivencias que les haga crecer hasta su máximo. Mi consejo, si me lo permitís, es que probéis a delegar y tutorizar labores de liderazgo. Es muy enriquecedor para todos.